Eléctricos e híbridos
Redacción Drivesfera
Eléctricos e híbridos

El impuesto por milla británico es más justo que una tarifa fija, si acierta en tres cosas

El impuesto británico por milla a los eléctricos puede ser modelo para otros países, pero exige privacidad blindada, precio transparente y no castigar a quienes se anticiparon.

Publicado
29 de octubre de 2026
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Eléctricos e híbridos

Foto: original: Michael Movchin edited by Felix Müller / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

¿Es justo cobrar a un coche eléctrico por las millas que recorre? En principio, sí. La pregunta difícil es si los gobiernos pueden hacerlo sin convertir cada eléctrico en un dispositivo de rastreo y a cada pionero en una diana recaudatoria. Reino Unido está a punto de averiguarlo, y otros países probablemente tomarán nota.

Lo que ha puesto sobre la mesa Reino Unido

El nuevo impuesto a los coches eléctricos entrará en vigor en Reino Unido el 1 de abril de 2028, según Autopista. El medio añade que el Gobierno británico ya prevé una calculadora digital y un sistema automatizado de reembolsos que lo acompañen.

El alcance es más amplio de lo que sugiere «eléctricos». Otros medios aseguran que se incluyen los híbridos enchufables y los coches de hidrógeno, y Motor.es lo describe como el primer impuesto de este tipo en una gran economía europea, y no una norma de la UE. Una salvedad: la tarifa. Varios medios españoles citan unos 2 céntimos por kilómetro, pero sus totales anuales no coinciden, y al menos uno describe un cargo anual fijo y distinto. No daremos una factura anual, y conviene desconfiar de quien lo haga sin mostrar las cuentas.

La lógica es sólida: las carreteras cuestan dinero y el impuesto a los carburantes se muere

La justificación es sencilla y, a nuestro juicio, difícil de rebatir. Cuando los coches dejan de comprar gasolina y diésel, se evapora el impuesto a los carburantes que paga las carreteras. Las informaciones describen el nuevo cargo como una compensación de eso mismo. Una tarifa anual fija para los eléctricos taparía el agujero de ingresos, pero ignoraría el uso: un jubilado que hace unos pocos miles de millas al año subvencionaría a un comercial que hace decenas de miles. Pagar por distancia liga la factura al desgaste y a la congestión, que es como funcionó siempre el impuesto a los carburantes.

Por eso probablemente se copiará. Los gobiernos que afrontan el mismo agujero en sus presupuestos pueden ver un modelo que funciona, y los medios españoles ya especulan con que el debate llegue a Francia y a España. Nuestra opinión: la idea se extenderá más rápido de lo que merecen los detalles.

Los detalles son donde puede salir mal

Primero, la privacidad. El impuesto se paga por distancia recorrida y, según Autopista, se comprobará mediante inspecciones o controles aleatorios. Verificar el kilometraje en una inspección es mucho menos invasivo que seguir un coche por GPS, y esperamos que Reino Unido se quede de ese lado de la línea. Hasta que el Gobierno diga exactamente qué datos se recogen, quién los ve y cuánto tiempo se guardan, los conductores tienen todo el derecho a desconfiar. Nuestra recomendación a los responsables políticos que copien la medida: recojan la distancia y nada más.

Después, la transparencia. Un cargo por milla solo es justo si el conductor puede verlo. Según las informaciones, se suma al impuesto de circulación existente, de modo que la ventaja de coste del eléctrico dependería de una cifra que la mayoría no puede predecir. La calculadora prevista y los reembolsos automáticos son alentadores, porque los reembolsos sugieren que se esperan errores y que se pueden corregir. Pero una calculadora no sustituye a una tarifa clara y estable. Si el precio por milla sube un poco con cada presupuesto, el impuesto «justo» se convierte en un trinquete.

Por último, los pioneros. Quienes compraron eléctricos cuando eran caros y la recarga era irregular asumieron el riesgo que hizo que existiera el mercado. Golpearlos con un nuevo gravamen justo cuando el mercado madura sería un mal premio, y podría asustar a la próxima oleada de compradores que se plantean el cambio. Creemos que un diseño justo introduciría el cargo de forma gradual, o mantendría los costes totales de uso de los eléctricos claramente por debajo de los de los coches de combustión. Los fabricantes siguen siendo frágiles: la unidad Model e de Ford registró una pérdida operativa ajustada de unos 990 millones de euros en el tercer trimestre. Los compradores no deberían cargar con una nueva incertidumbre además de eso.

Nuestro veredicto

Pagar por milla es el instinto correcto y un modelo mejor que una tarifa fija. Pero un buen principio puede ejecutarse mal. Si Reino Unido mantiene al mínimo la recogida de datos, publica la tarifa con claridad y protege a quienes se pasaron antes a lo eléctrico, merecerá ser un modelo. Si no, servirá de advertencia para los países que ahora toman nota. De aquí a 2028, vigilaríamos las normas de privacidad más de cerca que la propia tarifa.

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