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Redacción Drivesfera
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Rolls-Royce conserva el V12 porque cambiaron las normas, no los compradores

Renunciar al objetivo eléctrico de 2030 habla menos de un regreso de la gasolina que de compradores de ultralujo que quieren silencio y elección, y de una promesa que fue puro marketing.

Publicado
26 de octubre de 2026
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Foto: Rolls-Royce Motor Cars / sala de prensa (uso editorial)

¿Cuánto vale una promesa de «100 % eléctricos en 2030» cuando quien paga el coche puede encargarlo como quiera? En el caso de Rolls-Royce, al parecer, poco. El compromiso era una declaración de marca disfrazada de plan de producto, y acaba de retirarse.

Una promesa que Rolls-Royce pudo abandonar sin pagar por ello

En marzo de 2026, The Guardian informó de que Rolls-Royce había renunciado a su objetivo de vender solo coches eléctricos a finales de la década. Cuando lanzó el Spectre, la compañía había dicho que la producción del V12 terminaría a finales de 2030. Su consejero delegado, Chris Brownridge, afirma ahora que el V12 se queda porque los clientes lo quieren: «construimos lo que se encarga».

Insistió en que el compromiso anterior era «correcto en su momento», pero añadió que «la legislación ha cambiado». La previsión anterior, de su predecesor, era que el Spectre alcanzaría el 20 % de las ventas anuales, con un objetivo del 70 % en 2028. Rolls-Royce no ha revelado qué porcentaje de sus ventas representa hoy el Spectre.

El V12 sobrevivió porque cambiaron las normas

Sería fácil interpretarlo como la prueba de que los ricos desean en secreto la combustión. No lo compramos. La frase más reveladora de toda la historia es la del propio Brownridge: la legislación ha cambiado y la predicción se basaba en otras circunstancias. No detalló qué cambió, pero nuestra lectura es que la presión para pasarse al eléctrico se relajó. Una marca que vende unos 5.600 coches al año no necesita pelearse con los reguladores. Necesita evitar que la arrinconen. Cuando las circunstancias se movieron, el plan se movió con ellas.

El contexto lo respalda. Como señala The Guardian, Bentley ya había retrasado su objetivo de ser totalmente eléctrica de 2030 a 2035, y los fabricantes llevan tiempo anotando enormes pérdidas por sus coches eléctricos: Honda espera un golpe de 15.700 millones de dólares y Stellantis anunció más de 22.000 millones de euros en cargos. Con ese telón de fondo, que Rolls-Royce se deje las puertas abiertas parece menos nostalgia y más prudencia. En nuestra opinión, una promesa que no cuesta nada abandonar cuando cambian las circunstancias nunca fue un compromiso firme.

Los compradores de ultralujo quieren silencio, y voz y voto

Aquí está el matiz que nos parece importante. El anterior consejero delegado de Rolls-Royce le contó a Larry Printz que las primeras objeciones al concepto 102EX no eran filosóficas: el problema eran la autonomía y los tiempos de carga. Muchos de los clientes a los que se permitió conducirlo, dijo, quedaron «positivamente atónitos» por lo parecido que resultaba a un doce cilindros, gracias al par motor. También dijo que el Rolls no es, en muchos casos, el coche principal de la casa, así que los compradores no aceptan hacer de cobayas de una tecnología nueva.

Esa es la verdadera clave. El comprador de un Rolls-Royce no parece tener una postura ideológica sobre las mecánicas. Quiere un coche fluido y perfecto, y puede permitirse elegir. Un motor eléctrico es, probablemente, la forma más natural de ofrecer el «santuario rodante» que describió Michael Austin, analista de Guidehouse Insights, citado por Autoweek. Pero un V12 también forma parte de la historia de la marca, y Brownridge dice que es «parte de nuestra historia». Creemos que ofrecer ambos es asumible para una empresa cuyo lema es, en la práctica, «construimos lo que se encarga» y que va a invertir 300 millones de libras en ampliar Goodwood para fabricar más coches a medida.

No lo leas como un paso atrás del coche eléctrico para todos

Nos andaríamos con cuidado antes de extender esto al mercado de masas. Rolls-Royce es un caso especial: precios altísimos, volúmenes minúsculos, compradores para quienes el coche es uno más entre muchos. Autoweek en 2023 cifró el coche medio en unos 500.000 €, y el Spectre arrancaba en 420.000 dólares. Esos clientes pueden asumir una elección que una marca generalista no puede permitirse construir por duplicado.

Fíjate también en lo que Rolls-Royce no dijo. No afirmó que el Spectre haya fracasado; simplemente no reveló su peso en las ventas. Tampoco dijo que el V12 sea para siempre. Trataríamos el futuro del V12 más allá de 2030 como una incógnita, no como una promesa, y esa es la lectura sensata.

Nuestro veredicto

La lección no es que la gasolina haya vuelto. Es que una fecha límite en 2030 siempre fue más una señal que ingeniería, y que el ultralujo es el único mercado donde el cliente, y no el regulador, tiene la última palabra. Si eres comprador, disfruta de la elección mientras dure. Si eres directivo de la competencia, toma nota: la estrategia más segura es prometer menos, construir ambos y dejar que decida la cartera de pedidos.

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