Eléctricos e híbridos
Redacción Drivesfera
Eléctricos e híbridos

El «efecto retorno» del coche eléctrico es un problema de factura, no un veredicto

Uno de cada cinco propietarios europeos de un eléctrico no descarta volver a la gasolina o al diésel. Creemos que el motivo está en dónde se enchufa, no en la tecnología, y la solución empieza por un cargador en casa.

Publicado
4 de noviembre de 2026
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Eléctricos e híbridos

Foto: Shixart1985 / Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

¿Está fallando el coche eléctrico a sus propios dueños? El titular suena demoledor: el 19 % de los propietarios europeos de un eléctrico no descarta que su próximo coche sea de gasolina o diésel. Nos parece una lectura perezosa. La cifra es real, pero, a nuestro juicio, describe sobre todo un problema de facturación y un desajuste entre el coche y la vida de cada uno, no una tecnología que no funciona.

Qué mide realmente el «efecto retorno»

El dato procede de un estudio de McKinsey sobre movilidad que recogió Motorpasión. El medio señala que los motivos de los escépticos no son ideológicos. El primero es económico: cargar en casa sigue compensando, pero quienes dependen de la carga pública se enfrentan a tarifas cada vez más altas, sobre todo en autopista.

Esos mismos datos conviven con un mercado en el que los eléctricos ya suponen el 27 % de las matriculaciones europeas, como apunta Motor16. Ambas cosas son ciertas a la vez. Otras encuestas a propietarios, como la que cita Forococheselectricos, dibujan un panorama distinto, en el que casi nadie quiere volver atrás. «No lo descarto» está muy lejos de «me voy».

La brecha de precio es una brecha de cargador doméstico

Fíjate en las cifras de Irlanda, porque muestran el mecanismo con claridad. Según The Irish Times, cargar en casa puede costar apenas unos 12 céntimos por kWh con una tarifa fija nocturna, mientras que quienes dependen de puntos de carga rápida o ultrarrápida en autopista pueden pagar hasta seis veces más, o incluso más. Su ejemplo: un coche de gama media con una batería de 80 kWh recorre unos 450 km en invierno y llenarlo en cargadores con pago contactless cuesta casi 70 €. Un diésel familiar de 1,6 litros cuesta unos 110 € para unos 950 km.

Haz la cuenta con esas dos cifras y la carga pública no es barata por kilómetro. El propio informe afirma que los conductores de eléctricos pagan ahora más en puntos públicos que los de gasolina o diésel. Eso es Irlanda, no todo el continente, así que no extrapoles esos euros exactos a tu país. Pero la estructura, barato en casa y castigador en carretera, es la que Motorpasión describe para Europa.

Nuestra opinión, sin rodeos: un eléctrico comprado por alguien que aparca en la calle es un producto distinto del mismo coche comprado por alguien con garaje. El primero paga la electricidad a precios de gasolinera. El segundo tiene el verdadero negocio. Los metemos a todos en la misma encuesta de satisfacción y luego nos extrañamos de que los resultados sean desiguales.

La política promete soluciones de barrio, no alivio en el precio

La respuesta del Gobierno irlandés es reveladora. El departamento de transporte lanzó una estrategia de carga para 2026-2028 que incluye ampliar la carga de barrio para quienes viven en pisos y en zonas más densas. Pero, en cuanto al precio, dijo que fijar las tarifas es una cuestión comercial y que no hay planes actuales de regular el coste de la carga. También subrayó que cargar en casa sigue siendo el método más rentable y estima que más del 80 % de las cargas se harán allí.

Nosotros leemos esto último como una admisión. Si se prevé que el 80 % de la carga ocurra en casa, el sistema está pensado para quien tiene cargador doméstico. Todos los demás son, por ahora, una ocurrencia tardía con tarifa premium. La carga de barrio es la idea correcta, y probablemente importa más que el próximo punto de carga en autopista, pero hasta que exista a gran escala, quienes viven en un piso son pioneros que pagan un impuesto por serlo.

El regreso del diésel es sobre todo una historia de comprador equivocado

Algunos fabricantes vuelven a apostar por la combustión, y el presidente de Mercedes ha respaldado los motores de combustión junto con la expansión de los eléctricos, según un titular de Autocar India. Lo vemos como una cobertura de riesgos para quienes hacen muchos kilómetros de autopista y no pueden enchufar por la noche. Para ese uso, un diésel con una autonomía de unos 950 km, como en el ejemplo irlandés, es una herramienta racional, no un paso atrás.

Mientras tanto, la demanda sigue creciendo. En España, las matriculaciones de electrificados subieron un 40,2 % en octubre, hasta 34.664 unidades, según AEDIVE y GANVAM, y el 22,7 % de los compradores particulares eligió un modelo totalmente eléctrico, según datos de la DGT. La gente no huye. Compra, y una minoría descubre que su situación no encaja.

Nuestro veredicto

Cómprate un eléctrico si puedes cargar por la noche en casa o en el trabajo. Entonces las cuentas salen y el «efecto retorno» es problema de otros. Si no puedes, y tus trayectos son sobre todo largos tramos de autopista, sé sincero: un híbrido enchufable o un coche de combustión eficiente puede irte mejor hoy, y eso no es traicionar la causa. La industria debería dejar de vender la misma promesa a los dos compradores, y los operadores de carga deberían hacer que el precio en carretera sea menos un castigo. Hasta entonces, la pregunta que hay que hacerle al concesionario no es «¿cuánto recorre?», sino «¿dónde lo voy a enchufar?».

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